lunes, 31 de mayo de 2010

Pasión

Se habían citado en la puerta del club, pasadas las diez de la noche. Llegaron casi puntuales, a escondidas de la gente que andaba  por la calle, a escondidas de la gente que habían dejado en sus casas.
Subieron la escalera, resoplando fuerte. Prendieron la luz del salón mas chico, la mesa esperaba. El tapete verde, agujereado por innumerables cigarrillos descuidados, el olor a encierro, a polvo, un dejo a tango  que flotaba, los recibió excitándolos.
 El mazo de cartas los llamaba, las fichas de colores esperaban repartirse, importantes en las manos de quien las acumulaba.
 Esa noche, Bermúdez los desplumó en siete manos, el flaco salvó la ropa porque nadie quiso aceptar la apuesta.
Se fueron temprano, mañana jueves, otra pasión. Los burros los encontraría en la misma esquina, esperando que abriera la agencia y los dejara apostar en billetes el resto de la vida que quedaba.

Mujeres con corbata


   Corbatas lisas, de colores, con dibujos y estampados, con letras y con caras.
Nudos estrechos, anchos, chiquitos, dobles nudos, nudos mariposa, con nombre de castillos. Elegantes, desprolijos, flojos, ajustados.
Miles de corbatas, miles de gentes. Mujeres con corbata, mujeres  aburridas, desopilantes, excéntricas , divertidas; mujeres inflexibles, recias, indecisas; damas, prostitutas, madres, mujeres atrevidas. 







miércoles, 26 de mayo de 2010

A Escondidas

Te sorprende con la risa plena
el día de sol,
con un vaso de cerveza,
cantando una canción,
tarareando las partes
que no  sabes la letra.
En lugares extraños,
a la vuelta de tu casa,
cuando todavía te falta  leer
veinte paginas del libro.
Te pesca distraído,
mal vestido,
sin hablar por teléfono
a tu amigo.
Te atrapa mal dormido,
con dibujos y palabras en tus sueños,
sin razón y sin derecho.
Juega escondidas
todo el tiempo,
cuenta , recuenta,
te deja ganar  a veces,
finalmente 
te descubre y termina la partida,
la necia muerte.


PAISAJES

 Tengo mil paisajes cada día;
 soy   desierto ,
un mar embravecido o quieto.
Cuando la tristeza
me enrosca y me carcome,
soy un día de lluvia
frio de golpe, de a ratos caluroso.
Una tarde gris
de murmullos apagados.
No quiero escuchar, no escucho. 

Otras mañanas
son campanas , las voces
que despiertan.
Un  cielo añil,
nubes que  bailan y dibujan.
El viento  es un coreógrafo 
de árboles y  ramas.
Soy un otoño,   casi  dorado
puedo gritarte   lo yo  quiera.

La noche cae,
tiemblan los huesos,
tirita el cuerpo,
los labios sellados
no se si de miedo, o solo de besos.
  
Puedo tener la fuerza de los Alpes,
para derribar los muros
de opresión, hasta que explote el pecho.

Tengo  también un témpano,
que amenaza y paraliza
Tengo el calor, el fuego,
antorchas encendidas todo el tiempo,
volcanes que erupcionan
con cada sentimiento.

Puedo gritar los ruidos de la selva.
Puedo calmar el agua de mis ríos.
Puedo morir de sed,
Puedo brotar, languidecer,
volverme transparente,
desaparecer.

Soy todos los paisajes,
a través de las horas, 
y los tiempos
Soy lo que pretendas,
puedo transformarme.
Lo haré cuando vos quieras.






miércoles, 19 de mayo de 2010

EL VIEJO


 El viejo se había quedado solo en la casa.
Primero se había ido el hijo a vivir afuera, no sé muy bien adonde, pero lejos, porque no se lo vio más.
Después de uno o dos años se casó la hija, la rubiecita que hacía todos los días los mandados, barría la vereda y seguramente se ocupaba de los padres. Nunca volvió.
Las persianas quedaron bajas, el foquito del zaguán se quemó una noche y nadie lo cambió.
Un día vino la ambulancia y se llevo a Doña Elsa. Tampoco volvió.
El viejo salía día por medio y  daba vueltas manzanas con la cabeza gacha. Las conté, a veces eran cinco a veces, seis. Seguro que le habían dicho que tenía que hacer ejercicio. Después entraba y volvía a salir con una bolsa de red plástica para ir hasta el antiguo almacén de la otra cuadra que ahora se había transformado en un mini supermercado chino. Traía dos o tres cosas, galletitas, yerba, a veces un salamín, otras unas latas de paté. Cuando llegaba  a la casa, luchaba un rato con la llave, no sé si la cerradura no andaba bien, o le temblaba el pulso, al final conseguía entrar.
La casa quedaba inmóvil, yo cruzaba la vereda e intentaba escuchar. No se oía  la radio, ni un televisor que nunca supe si tenía, no se oían pasos, ruidos de muebles. No se oía nada.
Yo no podía dejar de pensar qué estaría haciendo el viejo. Me lo imaginaba sentado en la cocina, con la pava y el mate, tratando de recordar los buenos tiempos, si habían existido alguna vez. Lo imaginaba acostado en la cama, mirando el techo, rabioso con los hijos que no lo venían a ver; o sentado en el patio entre las plantas desprolijamente crecidas, oliendo a verde, a jazmín, a tierra, tratando de seguir a un pajarito con la vista que  estaba fallando.
Yo trataba de imaginarme su soledad. Angustiado, ansioso, resignado. Esperar así era morir un poco cada  día, por eso lo observé durante meses cuando salía, cada vez más flaco, el pelo largo despeinado e hirsuto, los pies que se arrastraban, la bolsa del mercado cada vez más pesada. Un día sorpresivamente las persianas subieron hasta el tope, las viejas cortinas de voile amarillentas dejaron entrar la luz. Salió a la vereda con una silla desvencijada, se sentó en la puerta y se quedó más de una hora, viendo pasar la gente, saludando a todos con  un gesto de la mano.  Entró, dejó la puerta abierta.  La mañana siguiente la vecina de al lado,  lo encontró dormido en el sillón, con las manos cruzadas sobre una foto amarilla de toda su familia. 

miércoles, 12 de mayo de 2010

BIOGRAFIA

 Franco Augusto Pasetto

Franco Augusto Pasetto nació el 16 de junio de 1916, en Lonigo, Provincia de Vicenza, Italia. Fue el menor de seis hermanos, su madre falleció a los pocos meses de su nacimiento; su padre , un notable exportador de la época viajaba permanentemente. Fue criado por un ama de leche, puesto en las manos de una adusta institutriz de la época y  mimado por sus hermanos. Sus ojos celestes inquietos y su pelo colorado le valieron el apodo de “Il Rosso”, un niño rebelde y travieso, conocido por todos en el pequeño pueblo. Las infinitas anécdotas que su padre le contaba al regreso de sus viajes fomentaron en Franco el deseo imperioso de volar y conocer el mundo. Ni bien tuvo edad suficiente se enrolo en la Fuerza Aérea Italiana, la guerra lo encontró sobrevolando África hasta que cayo prisionero, durante mas de tres años. Lejos de la comodidad de su casa y del entorno afectivo que lo protegía permanentemente, maduró. Conoció los placeres del amor, el juego, las mujeres y la vida licenciosa. Bajo el sol abrasador africano, su piel se tostó, se transformo en un seductor, carismático por fuera, duro y excéntrico por dentro. Al terminar la guerra fue trasladado junto a otros soldados a un campamento en el sur de Italia. Ahí se quedo. Sus hermanos los buscaban incesantemente. Finalmente después de varios meses lo encontraron allí mismo, jugando a las cartas, sin ningún apuro para regresar al pueblo destruido por las bombas, distante de la realidad. Para alejarse de la posguerra, saco un pasaje a sud América y después de 25 días de viaje y postas varias, llego al puerto de Buenos Aires, Argentina. Buscando una geografía parecida a la que había abandonado, se fue a Bariloche. Inauguro la primer “boite” y la noche fue su destino. Las relaciones divertidas y efímeras fueron casi su rutina,   un casanova extranjero, atractivo y con dinero. Esa fue la razón por la cual una de sus hermanas llego a la Argentina, temiendo que la fortuna familiar fuera dilapidada inconscientemente. Después de varios escándalos con maridos, novios , señoras  y  de señoritas los dos hermanos decidieron emigrar hacia otro centro turístico, donde la vida fuera parecida pero los círculos mas amplios. Mar del Plata fue el destino, allí formaron parte de la industria hotelera. La vida de Franco fue provechosa como empresario y reconocida en la ciudad. Se caso, tuvo tres hijos. Murió a los setenta y siete años, con la mente llena de recuerdos confundidos, ya sin mujer y acompañado por sus hijos. Los últimos tiempos se llenaron de esculturas negras, vuelos rasantes, bombas, nieve, risas,  voces italianas,  buenos negocios y también malos. Sus ojos celestes miraron con picardía este mundo . Se llevó con él muchos secretos. Gastó la vida hasta el ultimo centavo.


viernes, 7 de mayo de 2010

Te contaré



Te voy a contar una historia
llena de palabras cantarinas
frágiles como el cristal
transparentes como el agua.
Palabras suaves de terciopelo blanco
Palabras calientes, que te quemen el alma.
Voy a llenar el silencio,
con furia, con violencia.
Para después bajar el tono
hasta lo más profundo
del mar oscuro.
Sabrás de guerras,
sangre en las victorias.
La tierra inhóspita florecerá
serena.
Te contare la muerte,
el dolor del parto,
te hablare de amor,
de sinsabor, de sexo.
Te mostrare la vida,
en la poesía.

domingo, 2 de mayo de 2010

La oficina



Mara

Estoy harta, aburrida de esta oficina. Acá no pasa nunca nada. Siempre lo mismo, los mismos clientes, los mismos pedidos. Nunca un aumento, un reconocimiento. Ju, se va a fin de mes. A ella no le importa nada, vive con los viejos, la pueden bancar un tiempo si no tiene trabajo. Yo tengo que pensar bien lo que voy hacer.

Julia

Juan nos prometió a fin de año que le iba a poner garra al negocio, pero ahora esta enfocado en el nacimiento de su bebé y se olvido de todo, por suerte; así ya no me tira los perros ni me hace insinuaciones. Tanta insistencia algún día le iba a dar el gusto y me lo iba a dar yo también. Mueve adrenalina un touch and go con el jefe casado. Mas vale que no se lo conté a nadie, ni siquiera a Mara. Pero bueno, todo esto se acabo, ya avise que me voy a fin de mes.

Juan

Estas pendejas no tienen idea que este negocio es una pantalla, por suerte me las estoy sacando de encima sin problema. Ju ya aviso que renuncia a fin de mes y estoy segura que Mara no va a resistir quedarse sola en la oficina y ya debe estar buscando otro trabajo. Va a conseguir rápido, es hábil, esta capacitada y le gusta lo que hace, siempre la tuve vigilada. Es inteligente y muy bicha, se podía haber dado cuenta de todo. Presiento que sospecha, pero no sabe que. Se que le parece raro que los pasajeros sean los mismos, que las conexiones se repitan, que no paguen los pasajes directamente, que muchos se descuenten de tarjetas de crédito que tengo en mi poder. Se comieron tres mudanzas, calladitas la boca. Una oficina nueva, una ventana mas grande, laptops para todas, una maquina de café y tazas personalizadas, una sonrisa compradora y basta.

Ahora que nace Joaquín voy a emprolijar mi vida. Cierro la oficina, todo bien con las chicas y a otra cosa mariposa.