martes, 1 de mayo de 2012


 SOY
Soy el que camina
Atravesando la tierra y el cielo.
Me acompaña el tibio sol de la mañana
Me persiguen las estrellas incontables.
Apoderado de silencio
Mi libertad se disfraza de locura.
Las voces murmuran en mi oído
Cantan estridentemente
Solas y en coro.
Mi alma empecinada lucha
Poseída de una voluntad inquebrantable
Mientras los colores se hacen transparentes.
Yo sigo caminando como el viento
Las apariencias engañan a la gente
Como los sueños sin fin que se suceden.
Cruzo las calles y los puentes
Me encuentro conmigo
Me saludo  y me pierdo
Soy el que soy
Confundido y eterno
Sin esta parte de mí
Que flota  a la deriva por mi cuerpo
No sería yo, nada sería.

domingo, 25 de marzo de 2012


Inocente
El mozo trajo el cafecito de costumbre. El bar aquel domingo no iba a esperarme hasta la madrugada, así que abrí el cuaderno, prendí el grabador y empecé a transcribir la entrevista haciendo esfuerzos increíbles para escribir a la velocidad de la luz y escuchar claramente lo que en voz grave y oscura se decía por el aparato. El tipo filosofaba sin prejuicios, hablaba del tiempo y de la vida. En mis labios asomaba una sonrisa por lo incomprensible del discurso. Solo el silbato del tren me trajo al mundo real, marcó el tiempo y al levantar la vista pude ver el farol de la casa de enfrente ya encendido. Sin haber terminado el trabajo dejé el billete debajo del plato, crucé la calle distraído y sin mirar el semáforo. El auto no alcanzó a frenar y mi trabajo terminó, inconcluso, las voces aplastadas bajo las ruedas, acallado el tipo finalmente y yo inocente. 

MI PATIO 

Mi patio en el verano era caluroso, diría ardiente. El sol le pegaba todo el día y no lo dejaba respirar ni un rato. Las hojas del limonero se achicharraban y el jazmín celeste se trepaba pegado a la pared buscando sombra.
Yo me quedaba adentro, con la ventana baja y escuchaba a los vecinos charlando a la tarde. Sabia que estaban sentados   a la sombra del aguaribay que se asomaba por la medianera y en silencio los envidiaba.   No tenían secretos, se reían a carcajadas, contaban anécdotas pasadas, a veces discutían abiertamente sobre política, después de un salto absurdo pasaban a otros temas como el sexo, la cena o el hormiguero del cantero.
Los bichitos de luz anunciaban la noche. Sin resignarme abría la puerta que daba al patio, pero un aire pesado me impedía dar un paso adelante, solo para que notaran mi presencia pateaba la lata, volcando el agua del perro que tibiamente me mojaba los pies y me recordaba lo caliente que era mi patio.

sábado, 24 de marzo de 2012


TE CONTARÉ

Te voy a contar una historia
llena de palabras cantarinas
frágiles como el cristal
transparentes como el agua.
Palabras suaves de terciopelo blanco
Palabras calientes, que te quemen el alma.
Voy a llenar el silencio,
con furia, con violencia.
Para después bajar el tono
hasta lo mas profundo
del  mar oscuro.
Sabrás de guerras,
sangre en las victorias.
La tierra inhóspita florecerá
serena.
Te contare la muerte,
el dolor del parto,
te hablare de amor,
de sinsabor, de sexo.
Te mostrare la vida,
en mi poesía.

Verbos
Sentir, sentía.
Latiendo estaba.
Arremolinándose,
Estrujándose, moría

Monologo Interior

¿Quien te dijo?
¿Porque me preguntas?
¿Sabes el nombre?
¿Dónde lo encontraste?
¿Lo buscabas?
¿Vos sabias algo?
¿Te arrepentiste?
¿Tenes miedo?
¿Te vas a escapar?
¿Ahora?
¿No sera tarde?

jueves, 2 de junio de 2011

Colectivo

¿Por que siempre me pasa a mí?
Me acabo de sentar, estoy fundido y esta vieja, que en realidad no es tan vieja se sube detrás mío y se para justo al lado  mirándome con cara de ternero degollado para que le de el asiento.
Ni pienso. Ella solo lleva una carterita colgando de su cuello. Yo llevo el bolso de todos los días, más los dos biblioratos del trabajo que tengo que revisar en casa. No deja de mirarme, siento sus ojos clavados en mi cara. Yo miro por el vidrio. Vieja de mierda. Estoy cansado. Porque no te paras al lado del asiento para discapacitados, que seguro el que va sentado esta más fresco que yo y no tiene ningún impedimento.
Me esta apoyando su generosa humanidad en el hombro. Me hago a un lado. El colectivo frena. Se me tira encima. Sigo impávido, insensible. Me sorprende a mi mismo  la capacidad que tengo de ignorarla. El colectivo se vacía un poco. Ella ni se mueve, no busca otro asiento. Que se joda. Yo tampoco pienso moverme. Igual tengo para rato. El viaje es largo.
La huelo, entre húmeda y dulcemente perfumada. La miro de reojo, el cabello despeinado, las manos que se agarran fuerte están muy arrugadas. El saco gris apelotonado, el último botón no es igual al resto. No lleva reloj, solo dos alianzas. Sigue inmutable al lado mío, como un apéndice que me ha crecido.
Ahora hay asientos libres, ella se mece acompañando el movimiento.
Tocan el timbre en la parada. Presto atención, me pase tres cuadras. Carajo! Que pelotudo!.
Vieja del orto, logró su cometido de cagarme igual, porque no le di el asiento. Ahora tengo que caminar.  Bajo con todos los bártulos,  y la veo, sonriendo por la ventanilla finalmente sentada en el que era mi lugar.

miércoles, 13 de abril de 2011

Alas

Siempre soñaba, no podía evitarlo. Cerraba los ojos y enseguida podia transformar la realidad.
Era ahí, en ese mundo donde todo podía concretarse.
Tendida, inmóvil sentía  mi cuerpo, cada parte.  En ese perfecto instante, comenzaban a crecer un par de alas en mi espalda, tímidas, casi transparentes. Brotaban húmedas con las plumas apelmazadas;  con mi calor las agigantaba, las pintaba de blanco, de gris y de colores; les daba consistencia, les daba fuerza, les permitía abrirse de a poco, agigantarse silenciosas, desplegarse. Calladas al principio para  no despertar a nadie, comenzaban un aleteo de práctica, para finalmente buscar el viento que pasaba por la ventana. Sin rumbo fijo, indecisas se arremolinaban en el aire dejándose llevar. No había límites, no había prisión. Todos los mundos podían surcarse en un vuelo o dos. Abiertas y ruidosas, alborotadas y veloces me dejaban ser lo que quería, pasear por los desiertos y los bosques, tomar agua del deshielo, bailar en las montañas, correr con las jirafas, entrar en los templos, en las cuevas, al misterio. Esconderme en los castillos, cruzar todas las murallas, atisbar conciertos, peleas, entierros. Avanzar en el tiempo, volver atrás, poder sentarme y descansar. Interminables recorridos, infinitos, mas allá de la vida, mas allá de la muerte. 

sábado, 26 de marzo de 2011

MAL DIA

Se despertó. Llegaba tarde. Se vistió. Salió corriendo. El colectivo pasó de largo. La ira empezó a encenderse en el medio de su pecho.  No podía respirar. Cerró los ojos. Contó hasta veinte. Finalmente apareció otro micro. Las monedas no  alcanzaban. Tuvo que pedirle un favor al chofer. Le dio mucha bronca. Se le apagó la voz. Se le cerró la garganta. No había lugar para sentarse. Colgada  cerca de la puerta entre tanta gente. No pudo  tocar el timbre en la parada. Tuvo que caminar tres cuadras. Todo un esfuerzo. A subir las escaleras, se negó su mente, una llamarada le quemó la entraña. Se sentó y dejó de protestar, de pensar, se dignó a llorar antes de que un fuego la consumiera por dentro. 

viernes, 18 de marzo de 2011

HAIKU

La tierra sopla
emerge el diablo solo
lastima todo.

Teje la urbe
amanece el ruido
Silencian soles

Habla despacio
Elogia  al pájaro
Escucha el canto.

                                                      Urna guardada
Un apego inútil
Ceniza fría

jueves, 17 de marzo de 2011


Volver sobre los pasos.
Buscando las ventanas.
Oliendo el aire frío.
Cruzando el río indomable.
Abrir todas las puertas,
dejando todo oscuro.
Recorriendo  como  un ciego los espacios,
desconociendo  las manos lo que tocan.
Mirar el cielo,  ya nunca  el mismo.
Averiguar los nombres, saber sus apellidos
Donde estarán ahora,
donde habrán ido.
Se ha desatado la cinta con el tiempo,
deshilachada, se escurre entre los dedos.
Hay un vacío, sin dolor ahora.
El corazón no sangra más melancolías,
se ha llenado de recuerdos cálidos,
 tan solo buenos  recuerdos. 
16/03/2011

domingo, 20 de junio de 2010

EL CAFE




El vidrio sucio por fuera,
empañado por dentro.
La vieja silla de madera cruje
con cada movimiento.
El mantelito escoces tiene mil manchas,
huele a viejo, a puchos , a comida.
Suena la radio, una estación de música
años sesenta, mezcla de rock, tango y
balada.
La taza de café esta cachada.
Cerca de la entrada, una pareja madura
se toma las manos.
Un gordo desprolijo lee el diario del día.
La moza aburrida pasa el trapo a la repisa.
Las botellas de vino miran para abajo,
quieren destaparse y escapar por cualquier
labio.
Los cuadros empolvados, torcidos,
gritan en colores, rompen los marcos.
De golpe la maquina de café deja escapar
un chirrido, el vapor perfuma el aire,
Juan Valdez llega  sin su burro de Colombia.
La puerta golpea, las antiguas bisagras
cantan con el viento.
Las servilletas escritas con tinta negra
van a parar a todos mis bolsillos.
La tarde se hace noche.
Se cierra el refugio.
Sobre la mesa, queda un billete,

viernes, 18 de junio de 2010

El frente de la casa parecía iluminado esa mañana.  La pared medianera dejaba trepar  la hiedra , indestructible. Al costado el terreno baldío respiraba  espacio. Silencio absoluto. El día de verano quemaba mucho. 

jueves, 10 de junio de 2010

Noche de invierno

La gente pasa, apurada, en la noche helada, por la vereda y por la calle, sin prestar la mas minima atención a la escena discreta que transcurre mas arriba.
Hace demasiado frío, el día nublado se hunde en la noche sin estrellas , los negocios empiezan a cerrar, las personas se apresuran para llegar lo antes posible a sus casas. 
En el primer piso del antiguo edificio despintado, la luz de la ventana se asoma amarillenta traspasando la cortina de voile gastada. Ella, alta y delgada, recorta su figura, desnuda y descarnada frente a la ventana. 
Puedo imaginarme sus ojos grises, veo su pelo largo recogido en una cola, se que esta sola, hace años que la espío. Ella se deja, se queda un rato quieta, me da la espalda, después da vueltas y al final como un baile inacabado se retira lejos de la luz donde ya no puedo verla. 
Yo, inmóvil, frente al vidrio frío, la deseo , la sueño, la idealizo, poseo su cuerpo y su alma, le suelto el pelo, la acaricio. Le digo todo lo que pienso, las palabras me salen perfumadas. Yo, solo, en ese invierno, omnipotente, puedo ser lo que no soy,  amarla a la distancia, ser un atrevido. 

jueves, 3 de junio de 2010

ELLA

No era ni muy alta ni muy bajita. No era delgada , tampoco demasiado rellenita. Sus ojos grises arratonados le daban una expresión entre melancólica y graciosa. El pelo le llegaba a los hombros. Era un corte recto que había practicado año tras año frente al espejo y que de cualquier manera nunca podía perfeccionar, siempre había algún mechón que se salía de  escuadra. Las orejas escondidas, eran chiquitas  apenas despegadas haciendo juego con la imagen de ratón. La boca era perfecta, los dientes blancos en fila, los labios carnosos sin exagerar, pero estaba ahí seca y silenciosa, esperando su oportunidad.
La nariz recta, fina y corta , no desentonaba.
Siempre se vestía de negro con un toque pequeño de color en algún accesorio, como el pañuelo al cuello, a veces el cinturón o en invierno las boinas de lana de múltiples colores que se atestaba torcidas, como en Paris.
Nadie podía adivinar su edad. Algunas mañanas parecía cincuentona, agobiada y pesada;  a veces daba la impresión de una adolescente entusiasmada, otras, era un misterio.
Todas los días el subte la llevaba después de caminar tres cuadras a la oficina que la había atrapado con promesas de ascenso y mejoras, hacia mas de veinte años. De vez en cuando alguna bonificación  o premio la ilusionaba, pero seguía ahí, en el mismo escritorio, haciendo las mismas cosas, adecuándose a las nuevas tecnologías que disfrazaban la rutina. Se había quedado  tan solo con su titulo de bachiller comercial y a pesar de las infinitas averiguaciones nunca se había animado a ningún curso o capacitación . Era como abrir una puerta a lo desconocido y eso no le estaba permitido.
El departamento donde vivía desde que tenia uso de razón lo había heredado de sus padres. No había hecho muchos cambios, solo a veces compraba algún adorno en el enorme bazar a la salida del subte como para modernizar el lugar, cositas que terminaban engrosado la lista de chucherías de mal gusto,  que se acumulaban en el cuarto extra.
Pasaba muchas tiempo fuera de su casa. Entraba a las nueve a la empresa, trabajaba  corrido y muchos días se quedaba haciendo horas extras hasta las ocho. Salía al mediodía a almorzar al barcito de la esquina , con los compañeros, con los cuales no hablaba mucho pero que por dentro la hacían reír con sus chistes de doble sentido, las imitaciones de los jefes y la burla constante a la realidad del país. Era un rato corto que pasaba sin intimar demasiado, cosa que la dejaba tranquila, porque de ella no quería hablar ni creía tener mucho que contar.
Hacia tiempo que había abandonado todos los pensamientos y reflexiones sobre lo que le tocaba vivir, ahora  se dedicaba al presente sin meditar demasiado, hacia su trabajo, se alimentaba, iba y venia, sonreía  cuando le parecía oportuno, y después, nada, solo respirar, ver y oír, sin cuestionarse demasiado ni porque ni por cuanto.
El lunes no llegó. Perdió el presentismo sin aviso. De personal se cansaron de llamar a su teléfono. Pasaron dos días, ninguna noticia. No había familia a quien preguntar. Todos se conmocionaron por una semana y fue tema de conversación durante el almuerzo, los cafés y el baño de hombres y mujeres indistintamente.  Elucubraciones sin fin, un desmayo, un rapto, un accidente, una relación perversa, un brote psicótico, quien sabe, quien sabrá.
Con el boleto en la mano ese sábado en la estación, cerró los ojos y recordó  otro adiós, veinte años atrás.  El aire acaricio su cara. Sonrió. Subió al tren, se acomodó. El vidrio resquebrajado y sucio la reflejó. Se dijo a si misma:
-         A lo mejor soy otra y esto no me esta sucediendo.
Miró alrededor, no reconoció ninguno de los rostros que la rodeaban. Tal vez por primera vez presintió la presencia de  vida, en su mundo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Pasión

Se habían citado en la puerta del club, pasadas las diez de la noche. Llegaron casi puntuales, a escondidas de la gente que andaba  por la calle, a escondidas de la gente que habían dejado en sus casas.
Subieron la escalera, resoplando fuerte. Prendieron la luz del salón mas chico, la mesa esperaba. El tapete verde, agujereado por innumerables cigarrillos descuidados, el olor a encierro, a polvo, un dejo a tango  que flotaba, los recibió excitándolos.
 El mazo de cartas los llamaba, las fichas de colores esperaban repartirse, importantes en las manos de quien las acumulaba.
 Esa noche, Bermúdez los desplumó en siete manos, el flaco salvó la ropa porque nadie quiso aceptar la apuesta.
Se fueron temprano, mañana jueves, otra pasión. Los burros los encontraría en la misma esquina, esperando que abriera la agencia y los dejara apostar en billetes el resto de la vida que quedaba.

Mujeres con corbata


   Corbatas lisas, de colores, con dibujos y estampados, con letras y con caras.
Nudos estrechos, anchos, chiquitos, dobles nudos, nudos mariposa, con nombre de castillos. Elegantes, desprolijos, flojos, ajustados.
Miles de corbatas, miles de gentes. Mujeres con corbata, mujeres  aburridas, desopilantes, excéntricas , divertidas; mujeres inflexibles, recias, indecisas; damas, prostitutas, madres, mujeres atrevidas. 







miércoles, 26 de mayo de 2010

A Escondidas

Te sorprende con la risa plena
el día de sol,
con un vaso de cerveza,
cantando una canción,
tarareando las partes
que no  sabes la letra.
En lugares extraños,
a la vuelta de tu casa,
cuando todavía te falta  leer
veinte paginas del libro.
Te pesca distraído,
mal vestido,
sin hablar por teléfono
a tu amigo.
Te atrapa mal dormido,
con dibujos y palabras en tus sueños,
sin razón y sin derecho.
Juega escondidas
todo el tiempo,
cuenta , recuenta,
te deja ganar  a veces,
finalmente 
te descubre y termina la partida,
la necia muerte.


PAISAJES

 Tengo mil paisajes cada día;
 soy   desierto ,
un mar embravecido o quieto.
Cuando la tristeza
me enrosca y me carcome,
soy un día de lluvia
frio de golpe, de a ratos caluroso.
Una tarde gris
de murmullos apagados.
No quiero escuchar, no escucho. 

Otras mañanas
son campanas , las voces
que despiertan.
Un  cielo añil,
nubes que  bailan y dibujan.
El viento  es un coreógrafo 
de árboles y  ramas.
Soy un otoño,   casi  dorado
puedo gritarte   lo yo  quiera.

La noche cae,
tiemblan los huesos,
tirita el cuerpo,
los labios sellados
no se si de miedo, o solo de besos.
  
Puedo tener la fuerza de los Alpes,
para derribar los muros
de opresión, hasta que explote el pecho.

Tengo  también un témpano,
que amenaza y paraliza
Tengo el calor, el fuego,
antorchas encendidas todo el tiempo,
volcanes que erupcionan
con cada sentimiento.

Puedo gritar los ruidos de la selva.
Puedo calmar el agua de mis ríos.
Puedo morir de sed,
Puedo brotar, languidecer,
volverme transparente,
desaparecer.

Soy todos los paisajes,
a través de las horas, 
y los tiempos
Soy lo que pretendas,
puedo transformarme.
Lo haré cuando vos quieras.






miércoles, 19 de mayo de 2010

EL VIEJO


 El viejo se había quedado solo en la casa.
Primero se había ido el hijo a vivir afuera, no sé muy bien adonde, pero lejos, porque no se lo vio más.
Después de uno o dos años se casó la hija, la rubiecita que hacía todos los días los mandados, barría la vereda y seguramente se ocupaba de los padres. Nunca volvió.
Las persianas quedaron bajas, el foquito del zaguán se quemó una noche y nadie lo cambió.
Un día vino la ambulancia y se llevo a Doña Elsa. Tampoco volvió.
El viejo salía día por medio y  daba vueltas manzanas con la cabeza gacha. Las conté, a veces eran cinco a veces, seis. Seguro que le habían dicho que tenía que hacer ejercicio. Después entraba y volvía a salir con una bolsa de red plástica para ir hasta el antiguo almacén de la otra cuadra que ahora se había transformado en un mini supermercado chino. Traía dos o tres cosas, galletitas, yerba, a veces un salamín, otras unas latas de paté. Cuando llegaba  a la casa, luchaba un rato con la llave, no sé si la cerradura no andaba bien, o le temblaba el pulso, al final conseguía entrar.
La casa quedaba inmóvil, yo cruzaba la vereda e intentaba escuchar. No se oía  la radio, ni un televisor que nunca supe si tenía, no se oían pasos, ruidos de muebles. No se oía nada.
Yo no podía dejar de pensar qué estaría haciendo el viejo. Me lo imaginaba sentado en la cocina, con la pava y el mate, tratando de recordar los buenos tiempos, si habían existido alguna vez. Lo imaginaba acostado en la cama, mirando el techo, rabioso con los hijos que no lo venían a ver; o sentado en el patio entre las plantas desprolijamente crecidas, oliendo a verde, a jazmín, a tierra, tratando de seguir a un pajarito con la vista que  estaba fallando.
Yo trataba de imaginarme su soledad. Angustiado, ansioso, resignado. Esperar así era morir un poco cada  día, por eso lo observé durante meses cuando salía, cada vez más flaco, el pelo largo despeinado e hirsuto, los pies que se arrastraban, la bolsa del mercado cada vez más pesada. Un día sorpresivamente las persianas subieron hasta el tope, las viejas cortinas de voile amarillentas dejaron entrar la luz. Salió a la vereda con una silla desvencijada, se sentó en la puerta y se quedó más de una hora, viendo pasar la gente, saludando a todos con  un gesto de la mano.  Entró, dejó la puerta abierta.  La mañana siguiente la vecina de al lado,  lo encontró dormido en el sillón, con las manos cruzadas sobre una foto amarilla de toda su familia. 

miércoles, 12 de mayo de 2010

BIOGRAFIA

 Franco Augusto Pasetto

Franco Augusto Pasetto nació el 16 de junio de 1916, en Lonigo, Provincia de Vicenza, Italia. Fue el menor de seis hermanos, su madre falleció a los pocos meses de su nacimiento; su padre , un notable exportador de la época viajaba permanentemente. Fue criado por un ama de leche, puesto en las manos de una adusta institutriz de la época y  mimado por sus hermanos. Sus ojos celestes inquietos y su pelo colorado le valieron el apodo de “Il Rosso”, un niño rebelde y travieso, conocido por todos en el pequeño pueblo. Las infinitas anécdotas que su padre le contaba al regreso de sus viajes fomentaron en Franco el deseo imperioso de volar y conocer el mundo. Ni bien tuvo edad suficiente se enrolo en la Fuerza Aérea Italiana, la guerra lo encontró sobrevolando África hasta que cayo prisionero, durante mas de tres años. Lejos de la comodidad de su casa y del entorno afectivo que lo protegía permanentemente, maduró. Conoció los placeres del amor, el juego, las mujeres y la vida licenciosa. Bajo el sol abrasador africano, su piel se tostó, se transformo en un seductor, carismático por fuera, duro y excéntrico por dentro. Al terminar la guerra fue trasladado junto a otros soldados a un campamento en el sur de Italia. Ahí se quedo. Sus hermanos los buscaban incesantemente. Finalmente después de varios meses lo encontraron allí mismo, jugando a las cartas, sin ningún apuro para regresar al pueblo destruido por las bombas, distante de la realidad. Para alejarse de la posguerra, saco un pasaje a sud América y después de 25 días de viaje y postas varias, llego al puerto de Buenos Aires, Argentina. Buscando una geografía parecida a la que había abandonado, se fue a Bariloche. Inauguro la primer “boite” y la noche fue su destino. Las relaciones divertidas y efímeras fueron casi su rutina,   un casanova extranjero, atractivo y con dinero. Esa fue la razón por la cual una de sus hermanas llego a la Argentina, temiendo que la fortuna familiar fuera dilapidada inconscientemente. Después de varios escándalos con maridos, novios , señoras  y  de señoritas los dos hermanos decidieron emigrar hacia otro centro turístico, donde la vida fuera parecida pero los círculos mas amplios. Mar del Plata fue el destino, allí formaron parte de la industria hotelera. La vida de Franco fue provechosa como empresario y reconocida en la ciudad. Se caso, tuvo tres hijos. Murió a los setenta y siete años, con la mente llena de recuerdos confundidos, ya sin mujer y acompañado por sus hijos. Los últimos tiempos se llenaron de esculturas negras, vuelos rasantes, bombas, nieve, risas,  voces italianas,  buenos negocios y también malos. Sus ojos celestes miraron con picardía este mundo . Se llevó con él muchos secretos. Gastó la vida hasta el ultimo centavo.


viernes, 7 de mayo de 2010

Te contaré



Te voy a contar una historia
llena de palabras cantarinas
frágiles como el cristal
transparentes como el agua.
Palabras suaves de terciopelo blanco
Palabras calientes, que te quemen el alma.
Voy a llenar el silencio,
con furia, con violencia.
Para después bajar el tono
hasta lo más profundo
del mar oscuro.
Sabrás de guerras,
sangre en las victorias.
La tierra inhóspita florecerá
serena.
Te contare la muerte,
el dolor del parto,
te hablare de amor,
de sinsabor, de sexo.
Te mostrare la vida,
en la poesía.

domingo, 2 de mayo de 2010

La oficina



Mara

Estoy harta, aburrida de esta oficina. Acá no pasa nunca nada. Siempre lo mismo, los mismos clientes, los mismos pedidos. Nunca un aumento, un reconocimiento. Ju, se va a fin de mes. A ella no le importa nada, vive con los viejos, la pueden bancar un tiempo si no tiene trabajo. Yo tengo que pensar bien lo que voy hacer.

Julia

Juan nos prometió a fin de año que le iba a poner garra al negocio, pero ahora esta enfocado en el nacimiento de su bebé y se olvido de todo, por suerte; así ya no me tira los perros ni me hace insinuaciones. Tanta insistencia algún día le iba a dar el gusto y me lo iba a dar yo también. Mueve adrenalina un touch and go con el jefe casado. Mas vale que no se lo conté a nadie, ni siquiera a Mara. Pero bueno, todo esto se acabo, ya avise que me voy a fin de mes.

Juan

Estas pendejas no tienen idea que este negocio es una pantalla, por suerte me las estoy sacando de encima sin problema. Ju ya aviso que renuncia a fin de mes y estoy segura que Mara no va a resistir quedarse sola en la oficina y ya debe estar buscando otro trabajo. Va a conseguir rápido, es hábil, esta capacitada y le gusta lo que hace, siempre la tuve vigilada. Es inteligente y muy bicha, se podía haber dado cuenta de todo. Presiento que sospecha, pero no sabe que. Se que le parece raro que los pasajeros sean los mismos, que las conexiones se repitan, que no paguen los pasajes directamente, que muchos se descuenten de tarjetas de crédito que tengo en mi poder. Se comieron tres mudanzas, calladitas la boca. Una oficina nueva, una ventana mas grande, laptops para todas, una maquina de café y tazas personalizadas, una sonrisa compradora y basta.

Ahora que nace Joaquín voy a emprolijar mi vida. Cierro la oficina, todo bien con las chicas y a otra cosa mariposa.

viernes, 23 de abril de 2010

PREGUNTAS

¿Cuándo una mujer o un hombres son bellos?

La sangre caliente que nos recorre tiene los mismos componentes. El número de vértebras no varía. Los órganos que palpitan en el interior de la caverna que es nuestro cuerpo, cumplen la misma función o no estaríamos aquí. Tu pelo y mi pelo sólo se diferencian en el color, el largo y las formas que recortan nuestras caras. ¿Por qué el hombre cuanto más feo mas hermoso y nosotras , las mujeres, estamos sometidas a la eterna condena de ser bellas a la mirada de los otros?


¿Cuáles son los sonidos de la noche?

¿Tiene la noche sus sonidos?

Si la noche es oscuridad y silencio,

es ternura escondida trás las puertas.

Es misterio y es engaño.

Tiene la noche la música de un tango,

acordes de pasión, de cuerpos restregados.

La noche calla, esta prohibida.

No puede decirle a nadie lo que siente y lo que piensa.

martes, 20 de abril de 2010

La máquina

Sobre la cama estirado, el cuerpo parecía dormido, relajado; en lo profundo del intrincado laberinto de circunvalaciones su cerebro funcionaba como un diapasón.

El secreto quedaría guardado para siempre, nadie podría imaginar jamás que su plan seguiría adelante en las acciones previsiblemente imprevisibles, rítmicamente concretadas en dimensiones superpuestas, en la eternidad del tiempo sin días y sin horas.

La maquina de Dios, manejada por los hombres, supervisada por Él se encargaría de todo.

viernes, 9 de octubre de 2009

Relato

El 126 8/10/2009.-

Tomaba el 126 todas las mañanas. En invierno, tapada hasta las orejas, guantes, bufanda, a veces gorro. En primavera vestida de colores claros. El verano me obligaba a atarme el pelo en una cola de caballo y a mostrar los brazos llenos de pecas que me daban mucha vergüenza.
Casi siempre el mismo chofer, un flaco pelilargo, de aspecto desprolijo, las manos como garras, los ojos saltarines y atentos me miraban con ternura. Casi siempre, porque puntualmente tomaba el que pasaba a las siete y cuarto.
Arriba, caras conocidas que hacían el mismo trayecto que yo. El gordito con los auriculares, los ojos entrecerrados todo el viaje, que tocaba el timbre apurado casi sobre la parada. Los dos albañiles sentados en el fondo, que iban a una obra en el centro, con las bolsitas de nylon llenas de pan y fiambre para el almuerzo. La chica bajita, aparentemente otra estudiante con las carpetas y el morral cruzado en bandolera. La señora canosa, circunspecta y cuidadosa, que no se cansaba de mirar a todos lados, temerosa que la robaran en un descuido.
Era enero, la mañana húmeda agobiaba. Subió dos paradas después, fresco y cantarín , silbando la ultima canción de moda. Fue amor a primera vista. Nuestros ojos somnolientos se cruzaron, se imantaron. La primer charla fue intrascendente, el clima, la ciudad y otras pavadas. Se bajo conmigo y caminamos varias cuadras. Los viajes en el 126 se repitieron todas las mañanas. Nuestros encuentros se prolongaban por la tarde.
El chofer me miraba cómplice, los albañiles nunca se percataron de nada, el gordito cada tanto se desconectaba y se daba vuelta en su asiento para clavarnos los ojos cuando nos reíamos a carcajadas. La señora, dio a entender que no lo aprobaba y la petisita desapareció, no se si por celos, vacaciones o mudanza

viernes, 28 de agosto de 2009

Universo


Soy solo una idea perfecta e imperfecta.

El laberinto de la mente recorre los círculos concéntricos del universo interior.

Busca la luz, atraviesa la negrura, se deja llevar por destellos apenas perceptibles de colores calidos.

El aire insufla cada minúscula partícula llenándola de fuerza y vida, un instante después las exhalaciones me dejan inerte, expectante, mas de las veces temerosa, solo a veces intrépida y decidida.

Incansable busco la salida, pero quiero quedarme. Los deseos del alma se contraponen y contradicen, pretenden ver y no ver, saber y abandonarse.

La lucha eterna es con el tiempo, que me es efímero y al enemigo perdurable.

Soy yo, infinita por dentro, un poco humana, predecible y mágica.

jueves, 27 de agosto de 2009

TIEMPO


El tiempo nos da.

El tiempo nos quita.

Las telas, la fuerza,

la vanidad, la belleza,

también las estrellas.

Nos presta el silencio,

palabras eternas.

Regala entusiasmo,

asfixia tristezas,

desata tormentas de insultos y lágrimas,

de risas sonoras que invaden la selva.

Despliega las alas del conocimiento,

apaga con ira la razón y el fuego.

Explota el amor que tenemos dentro,

carcome hasta el último de los sentimientos.

El tiempo es desierto.

Tiene un oasis mas soledad todo seco.

El tiempo te puebla de hombres serenos,

después te vacía como el infierno.

Te angustia, te premia.

Te saca ventaja, te adora, te odia,

sin que vos lo sepas.

Cuando abrís los ojos,

todo se acaba,

ya no hay mas tiempo.

viernes, 14 de agosto de 2009

miércoles, 5 de agosto de 2009

Minificción


POR FIN!
Corrió, desesperado. Camino, rápido. Pensó, mucho. Abrió la puerta violentamente. Miró, a todos lados. Vió, la silla vacía. Entró, apurado. Finalmente, se sentó. Cansado.

martes, 21 de julio de 2009

SIXTO


Lo que más me llamaba la atención de Sixto no eran sus años, su pelo cano, las arrugas del mentón, ni el lunar que tenía cerca de la nariz. Eran sus ojos, esa mirada a la vez perdida y encontrada, con incipientes lágrimas a punto de estallar. Eran los ojos que miraban para atrás, sin hablar, decían, hablaban del trabajo duro en tiempos pasados

El solía estar en la salina, cerca de Médanos. Esa laguna rosa, por las tardes llena de flamencos y una enorme parva que apalear al sol. El había sido testigo del crimen brutal, nunca lo pudo olvidar.

Toda la familia del administrador había sido asesinada por el capataz, para saber donde estaban las llaves de la caja fuerte . Como la lealtad era un valor preciado en aquellos tiempos nadie había delatado el escondite , protegiéndolo con la vida.

Don Sixto fue el primero en hallar los cuerpos. Vivía en la casa de al lado y había escuchado ruidos desacostumbrados. Cuando entró vio en el suelo de la cocina, degollados, a Marta, sus dos pequeñas hijas y a Martínez, el administrador. Fue ese cuadro desgarrador que le dejó la mirada triste, amarga . Pero su dolor se hizo más hondo y eterno cuando encontró en el galpón de las máquinas, colgado en la viga central, el cuerpo sin vida del capataz, su hijo Omar.