¿Por que siempre me pasa a mí?
Me acabo de sentar, estoy fundido y esta vieja, que en realidad no es tan vieja se sube detrás mío y se para justo al lado mirándome con cara de ternero degollado para que le de el asiento.
Ni pienso. Ella solo lleva una carterita colgando de su cuello. Yo llevo el bolso de todos los días, más los dos biblioratos del trabajo que tengo que revisar en casa. No deja de mirarme, siento sus ojos clavados en mi cara. Yo miro por el vidrio. Vieja de mierda. Estoy cansado. Porque no te paras al lado del asiento para discapacitados, que seguro el que va sentado esta más fresco que yo y no tiene ningún impedimento.
Me esta apoyando su generosa humanidad en el hombro. Me hago a un lado. El colectivo frena. Se me tira encima. Sigo impávido, insensible. Me sorprende a mi mismo la capacidad que tengo de ignorarla. El colectivo se vacía un poco. Ella ni se mueve, no busca otro asiento. Que se joda. Yo tampoco pienso moverme. Igual tengo para rato. El viaje es largo.
La huelo, entre húmeda y dulcemente perfumada. La miro de reojo, el cabello despeinado, las manos que se agarran fuerte están muy arrugadas. El saco gris apelotonado, el último botón no es igual al resto. No lleva reloj, solo dos alianzas. Sigue inmutable al lado mío, como un apéndice que me ha crecido.
Ahora hay asientos libres, ella se mece acompañando el movimiento.
Tocan el timbre en la parada. Presto atención, me pase tres cuadras. Carajo! Que pelotudo!.
Vieja del orto, logró su cometido de cagarme igual, porque no le di el asiento. Ahora tengo que caminar. Bajo con todos los bártulos, y la veo, sonriendo por la ventanilla finalmente sentada en el que era mi lugar.
1 comentario:
Excelente para comenzar el día y la semana con una sonrisa jajajaja
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