
Sobre la cama estirado, el cuerpo parecía dormido, relajado; en lo profundo del intrincado laberinto de circunvalaciones su cerebro funcionaba como un diapasón.
El secreto quedaría guardado para siempre, nadie podría imaginar jamás que su plan seguiría adelante en las acciones previsiblemente imprevisibles, rítmicamente concretadas en dimensiones superpuestas, en la eternidad del tiempo sin días y sin horas.
La maquina de Dios, manejada por los hombres, supervisada por Él se encargaría de todo.
2 comentarios:
me encanta la imagen del diapason!!! es genial
me da miedo pensar en estos temas
cuentos cortos tenia que escribir, los conflictos entre los hombres y la naturaleza, estan ahi y nos poseen
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