MI PATIO
Mi patio en el verano era caluroso, diría ardiente. El
sol le pegaba todo el día y no lo dejaba respirar ni un rato. Las hojas del
limonero se achicharraban y el jazmín celeste se trepaba pegado a la pared
buscando sombra.
Yo me quedaba adentro, con la ventana baja y escuchaba
a los vecinos charlando a la tarde. Sabia que estaban sentados a la
sombra del aguaribay que se asomaba por la medianera y en silencio los
envidiaba. No tenían secretos, se reían a carcajadas,
contaban anécdotas pasadas, a veces discutían abiertamente sobre política,
después de un salto absurdo pasaban a
otros temas como el sexo, la cena o el hormiguero del cantero.
Los bichitos de luz anunciaban la noche. Sin resignarme abría la puerta
que daba al patio, pero un aire pesado me impedía dar un paso adelante, solo
para que notaran mi presencia pateaba la lata, volcando el agua del perro que
tibiamente me mojaba los pies y me recordaba lo caliente que era mi patio.
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